«Si alguien tuviera un plan creíble para frenar los avances de la IA a nivel mundial, probablemente lo apoyaría».

Bill Gates.

«Cuando la tecnología debilita nuestro sentido crítico, la paz misma corre peligro».

Papa León XIV.

«Prefiero morir antes que usar IA».

Guillermo del Toro.

¿Haces cuento, novela o poesía? Probablemente te has valido de Chat GPT u otra inteligencia artificial para recibir opiniones, corregir o incluso elaborar partes de “tu literatura”. He sido editor durante quince años, pero desde hace unos tres casi todos los escritores con quienes trabajo me comentan que proceden así, pues consideran que la IA es sólo una herramienta más que les ayuda inocuamente a ser mejores. Bueno, ante tales circunstancias me he sentido obligado a aclarar ciertas cosas, y por eso hoy comparto estos 10 motivos para no usar una Inteligencia Artificial con el fin de escribir, corregir o revisar trabajos literarios

1. Básicamente, te plagia

Dile tu trama y se la dirá a otros. Dale tus conceptos y se los dará a otros. Muéstrale tus personajes, tu mundo, tus ideas originales, y no tendrá reparos en extender cada uno de esos elementos al primero que le ordene «hazme un argumento sobre un futuro distópico», «hazme el diseño de un reino fantástico», «hazme una historia de crímenes y misterio», etc. Si tú le das tu información —ya sea para pedirle una opinión o una corrección— jamás podrás recuperarla. Al usar una Inteligencia Artificial otorgas tu consentimiento para alimentarla con tus “datos”, y eso significa que va a usarlos a modo de oferta para los demás.

2. Plagia a otros

Por definición, el plagio consiste en copiar la obra de otro y presentar eso como propio, sin dar crédito al creador original. Visto así, precisamente eso hace la IA cuando te dice cómo desarrollar un personaje, un diálogo, una escena o lo que sea (pues en realidad hablamos de una base de datos ajenos, no de una verdadera inteligencia capaz de crear), y por lo tanto eso mismo —un plagio— es lo que hacen quienes toman lo sugerido por la IA para escribir “su obra”. Considerando esto, si tienes ética y honestidad artística, porque no deseas ser de esos que se creen escritores cuando no lo son, no uses una Inteligencia Artificial para hacer tu libro.  

3. Arruina tu estilo

Múltiples estudios —como el de la Universidad del Sur de California, para el cual analizaron más de 800,000 textos— han demostrado que la Inteligencia Artificial uniformiza la escritura a partir de lo almacenado en su centro de datos. Y dado que sus mayores fuentes de información son hombres anglosajones de cincuenta y tantos años, bueno, resulta que si le pides ayuda para redactar algo, te convierte estilísticamente en ese mismo sujeto, anulando cualquier diferencia regional, de género, de edad e incluso ideológica que te distinga en este mundo. Vamos, la IA no es una herramienta imparcial, sino una llena de sesgos. En otras palabras —y de esto soy testigo a diario—, está acabando con la individualidad, la personalidad literaria, la gracia de la diferencia…, en favor de una escritura de molde por demás aburrida y simplona.

4. Hace mal el trabajo

Al corregir textos, la Inteligencia Artificial realiza un pésimo trabajo. Las personas creen que la IA mejora su escritura, pero en realidad llena sus obras de figuras trilladas (las mismas que da a todo el mundo), limita drásticamente su vocabulario, confunde sus expresiones, genera problemas semánticos y acaba por aplicar una puntuación bizarra. Hablando de su manejo de lo visual, ¿habéis visto sus carteles sepia, feos y repetitivos? ¿Os habéis reído al notar que ilustra manos con seis dedos, porque simplemente no comprende al ser humano? ¿Os ha sorprendido que transforma una instrucción verbal en una imagen disparatada? Pues, ¡incurre en errores iguales con los textos!

Por otra parte, al investigar, el trabajo de la IA es peor. Esto se debe a que inventa fuentes (lo cual está demostrado y se llama «alucinación de la IA»), toma información de cualquier sitio sin rigor alguno y se basa en patrones de palabras a partir de los cuales calcula lo que va a decir (dejando de lado la atención que debía poner —porque simplemente no tiene la capacidad de reflexionar como un investigador real— en verdades históricas, científicas, sociológicas, o de cualquier otro ramo del saber). Esto último está generando un desfasamiento colectivo de la realidad, por los millones de personas que están usando la Inteligencia Artificial como una fuente válida de conocimiento, cuando no lo es.

5. Causa deterioro cognitivo

La atrofia intelectual causada por el uso de la IA es cosa seria. ¿No me crees? Échale un ojo a estas fuentes:

En pocas palabras, la dependencia a las Inteligencias Artificiales ha alcanzado niveles alarmantes a nivel internacional. Los jóvenes —y también los no tan jóvenes— están perdiendo aceleradamente su capacidad de análisis, reflexión, crítica, creación y expresión. Básicamente, estamos dejando ir como humanidad aquello que nos ha definido por milenios: poder razonar. Y claro, hay quienes saltan ante estos hechos, diciendo: ¡herramientas ha habido siempre y ésta es sólo otra de ellas!, pero que existiera la calculadora no nos quitó la habilidad de hacer cuentas, así como el internet no nos arrebató la habilidad para investigar. No obstante, por efecto de la IA y de manera drástica, en los sistemas educativos básico, medio y superior las personas están dejando de saber leer, están dejando de saber escribir, y por ende están dejando de saber estudiar y desarrollar conocimiento.   

Y, ¿qué dicen al respecto los billonarios tecnócratas que están impulsando el uso de la IA? Sí, me refiero a ese puñado de oligarcas que afirman que la Inteligencia Artificial resolverá problemas mundiales como el cambio climático y la escasez de recursos, aunque son ellos quienes están arruinando el clima con las emisiones de carbono de sus conglomerados y acaparando todo lo que hay en la naturaleza; tú sabes, esos que dicen que la IA curará enfermedades, mientras invierten trillones en armamento automatizado con sus tecnologías; los mismos que celebran el fin del trabajo gracias a las máquinas, sin que les importe un bledo que de hecho necesitamos de nuestros trabajos para vivir. Veamos: Sam Altman, el CEO de OpenIA, la empresa creadora de chat GPT, ha declarado el 11 de marzo de 2026, en el U.S. Infrastructure Summit:

«Vemos un futuro en el cual la inteligencia es una utilidad, como el agua o la electricidad, y la gente nos la compra a nosotros». (The Guardian)

O sea, ¡desean la estupidez que están propiciando, porque ellos venderán la inteligencia! ¡Les conviene la atrofia mental del ser humano, porque así se volverán aún más asquerosamente ricos! ¡Con razón están comprando libros masivamente, alimentando a sus IAs con ellos y luego destruyéndolos! ¡Quieren monopolizar el conocimiento y proceder a ponerle precio! Me pregunto qué diría Descartes —autor de la famosa frase humanística: «No hay nada repartido de modo más equitativo en el mundo que la razón»— ante este escenario distópico donde dichos tecnofascistas quieren romper las piernas de nuestro intelecto y vendernos sillas de ruedas marca Chat GPT. Y claro, quienes pierdan la capacidad de razonar y además no tengan el dinero para comprarles más dignidad intelectual, habrán de arrastrarse por los suelos. 

6. No la necesitas

La IA no es el siguiente paso, no es inevitable, no te hace mejor, no te quedarás atrás si prescindes de ella. La escritura es maravillosa porque sólo requiere, desde su origen, de alguna superficie y una herramienta para plasmar palabras; nada más. Si la IA fuera realmente necesaria, Dostoievski no habría escrito ni un párrafo porque no la tenía, Sor Juana no habría compuesto ni un soneto, y Kafka y tantísimos otros autores que realmente se esmeraron no habrían lanzado ni uno de sus increíbles volúmenes al mundo. Y ahora mira en derredor; las librerías, las galerías, los anales de la música y el cine: todos están repletos de piezas humanas magistrales, tan significativas como sorprendentes y conmovedoras y disruptivas, y lo que está siendo elaborado con IA no le llega a los talones. 

Mucho se habla de la “optimización del proceso de producción” a partir de la Inteligencia Artificial, pero en el arte no es necesario hacer las cosas más rápido. Al contrario. La belleza del proceso artístico radica en el autodescubrimiento, lleve el tiempo que lleve. Tirar por la borda eso para entregarse a una lógica de oferta y consumo hiperacelerados, es una tontería y además es algo horrible, que sólo favorece a los sujetos que están inventando nuevas maneras de sacar dinero de tus bolsillos. Por esto, no le creas a los miles de comerciales sobre IA que nos arrojan por todas partes, cada cinco segundos. Su insistencia y su retórica no los hace verdaderos. Mejor entrégate a ti, a tu persona, delante de una hoja en blanco.

7. Pone en riesgo la publicación de tu obra

Como editor soy testigo de una regulación cada día más rigurosa en torno a las obras literarias hechas con ayuda de la IA. Tanto en Amazon (una de muchas plataformas privadas que están tomando cartas en el asunto) como en INDAUTOR (uno de muchos institutos estatales que ya tienen encendidas sus alarmas), pasando por editoriales, concursos literarios e incluso agencias de servicios, se está aumentando el escrutinio de manuscritos con el propósito específico de rechazar todo aquello en lo cual se detecte la intervención de la IA, porque dicho material es considerado —con mucha razón— no más que el producto de un artificio plagiario, y además porque están surgiendo cientos de miles de vivales sin talento que creen que se harán ricos mediante libros hechos con IA, quienes están atascando las plataformas con semejantes bromas.  

8. Acaba masivamente con recursos naturales

Para generar 100 míseras palabras, una Inteligencia Artificial consume aproximadamente 519 mililitros de agua; es decir, lo equivalente a una botella. Por desgracia, cada semana más de mil millones de usuarios usan Chat GPT (¡tan sólo Chat GPT, sin contar a las otras IAs activas!), y todos sabemos que no obtienen únicamente 100 palabras. Entre los que le piden tareas, ensayos, tesis, sugerencias para saber qué hacer, música, ilustración, fotografía, videos, novelas, etc., el consumo de agua de la IA semanalmente sin duda es superior a los mil millones de litros. Por eso los centros de datos de IA secan su entorno, y por ello mismo es importante que tú y tus vecinos no permitan que sea instalado uno en su cercanía, o siquiera dentro de su país. Actualmente, para alimentar sus IAs, los oligarcas de naciones poderosas como Estados Unidos intentan —y logran, con presión política y corrupción— valerse de los recursos minerales y acuíferos de otros países menos poderosos. En conclusión, la próxima vez que se te ocurra usar Chat GPT para preguntarle dónde debes comer hoy o cómo debe expresarse tu personaje, piénsatelo dos veces.   

9. Destruye empleos

En su reciente ensayo, «La turbulenta era de la IA ya está aquí», Bill Gates advierte —entre otras nefastas implicaciones de la Inteligencia Artificial, como ciberataques, bioterrorismo y daños psicosociales profundos— que esta tecnología causará un desempleo masivo, mismo que ya está ocurriendo en diversas áreas. Y si tal sujeto, creador de Microsoft y partícipe directo en el desarrollo de la IA, lo afirma, hay que prestar atención a sus palabras. Es decir, dado que tal magnate está invirtiendo muchísimo en la Inteligencia Artificial, a pesar de que sus destellos de decencia caen en la hipocresía, debemos darnos cuenta de que su crítica proviene de una cercanía extrema al fenómeno surgido en Silicon Valley; proximidad que le ha permitido captar consecuencias para la humanidad, que simplemente le han erizado los pelos. Por esto y todo lo mencionado, si necesitas corrección de estilo y ortotipográfica para tu texto, acude a una persona profesional; tú la necesitas, la persona te necesita y el mundo lo necesita.     

10. Empodera, aún más, a oligarcas viles

La IA no es algo independiente de la política, ni de cierta ideología, ni de la ambición humana convertida en monstruosidad. Resumiendo, la Inteligencia Artificial no es una herramienta objetiva, inocente o pura. Todo lo opuesto. Es un instrumento tecnológico que ha devenido en medio de control, esgrimido por un grupo social muy determinado: hombres blancos, ultra conservadores, ultra capitalistas, ultra clasistas, ultra racistas y ultra misóginos, a los cuales no les preocupa tu futuro o el mío, sino acaparar cuanto puedan —para sí y sus familias— antes de que se acaben los recursos no renovables —que ellos están mermando sin control alguno— y venga una escasez sin precedentes. Hablo de Elon Musk, del mentado Altman, de Mark Zuckerberg, de Jeff Bezos, de Bill Gates y hasta de Donald Trump, quien a cambio de dinero da a aquéllos espacio en su cabildo y enorme poder político. Esos individuos le han vuelto la espalda a la verdadera ciencia (que advierte del cambio climático y otros peligros relacionados con sus actividades), a las verdades históricas, y a la equidad conquistada a base de siglos de luchas por los derechos civiles.

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